viernes, 27 de junio de 2014

La concepción del alma humana según Serge Marcotoune - Serie Breve 15



Serge Marcotoune es uno de los maestros pasados más relevantes de la línea martinista rusa. Autor de un tratado fundamental para la comprensión de la vía que está dividido en dos tomos. El primero, que contiene el marco conceptual, se lo conoce como “La Science Secrète des Initiés”. El segundo, dedicado a la práctica esotérica, lleva por título “La Voie Initiatique”. Esta obra ha sido, y es, la guía de muchos martinistas. Aunque la mayoría lo desconozca, es la base de numerosas instrucciones y prácticas de las distintas líneas.

El problema del alma humana para la práctica teúrgica posee una complejidad considerable. Saint Martin realiza varias referencias, como la excelente analogía de la bellota de roble que aparece en su Tableau Naturel. Sin embargo, Marcotoune se caracteriza por utilizar un lenguaje técnico preciso, en contraposición al poético del Filósofo Desconocido. Abrimos paso pues, en éste artículo, a las expresiones técnicas en pos de aclarar los conceptos lo mejor posible.

Para definir el alma humana, Marcotoune propone observar que existen diversas clasificaciones acerca de los estados de conciencia. Como, por ejemplo, el sistema cabalístico de cuatro planos, o el esotérico de siete. En todos estos esquemas, el alma humana es considerada como el conjunto de los planos que están por encima del cuerpo físico. Es decir, que el alma es el ensamble de todos los estados de conciencia a partir del astral denso. El astral, para Marcotoune, es un cuerpo nervioso energético, que se encuentra anclado al cuerpo material. Se trata de un mediador plástico entre el cuerpo físico y los estados superiores. Cuando el cuerpo físico muere, esta psiquis densa permanece atada a él por largo tiempo. Por lo tanto, el alma humana, considerada de manera estricta, debe ser entendida como el conjunto de los cuerpos sutiles que están más allá de la psiquis y que sirven a la mónada humana.

Hasta aquí, el planteo parece claro. Sin embargo, existen ciertos aspectos metafísicos que dificultan una comprensión acabada del asunto. Aunque, en el presente artículo, sólo buscamos una aproximación, sin explorar todas las posibilidades. Mientras que el cuerpo humano es perecedero, el alma es considerada inmortal. Esto obedece a que la misma no está sujeta ni al tiempo ni al espacio. La mónada humana, es independiente del tiempo. Porque se encuentra conectada con el absoluto y, por medio de ella, el hombre puede participar de la fusión en el absoluto y de la eternidad.

El cuerpo físico permite a la mónana funcionar y manifestarse en el plano material. El alma humana es un organismo gracias al cual la mónada se manifiesta en los diferentes estados. La mónada humana es el conjunto de estados y planos que se fusionan para conformar la humanidad universal. Por lo tanto, existe una responsabilidad colectiva de los hombres que debe ser completada. Tal como un órgano cumple en el cuerpo una determinada función. De esta manera, el alma humana comienza justo encima del plano astral y, mediante sucesivos estados, se sumerge y nos conecta a la humanidad universal. Que, a su vez, nos fusiona al Principio Primero.

No debemos olvidar que el alma humana representa una molécula del vasto cuerpo de la humanidad universal, de esa persona mística de la que habla la Kabala: Adam-Kadmon.”

Serge Marcotoune en “La Voie Initiatique”



Nadeo


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