Jean-Baptiste Willermoz

Jean-Baptiste Willermoz



Jean-Baptiste Willermoz nació el 10 de julio de 1730, en Lyon. Era el menor de una familia de trece hermanos. A la edad de 14 años fue aprendiz de un comerciante de sedas, y diez años más tarde, a los 24, montó su propio negocio como "maestro fabricante".
 
Sus viajes anuales propios de su comercio, y su correspondencia de negocios, demostraron ser una excelente vía para entrar en materia y trabar contactos relacionados con lo que fue la gran obra de su vida: extender y profundizar "el campo de sus conocimientos masónicos".
 
Fue iniciado a la masonería en 1750, a la edad de 20 años, en Lyon. Su natural condición hizo que prontamente, en el año 1752, fuese nombrado Venerable Maestro.
 
Posteriormente forma una logia llamada Perfecta Amistad, en la que guarda y aspira que sus miembros sean verdaderos buscadores y amantes de la verdad, ya que en las logias de aquella época se hacía notorio la pérdida de este verdadero interés masónico.
 
Tras su incansable búsqueda y estudio dentro del ámbito masónico, Willermoz es nombrado "guarda sellos y archivos" en el año 1763, lo que le permitió entregarse a recoger, estudiar y comparar los rituales de todos los grados posibles, actividad que ciertamente estimaba de altísimo interés y gusto personal. Su deseo era el de examinar cuidadosamente los distintos sistemas y grados, para así poder encontrar la verdad de la masonería. Al comparar los distintos rituales, Willermoz encuentra que muchos de ellos contienen falsedades por encontrarse fuera de los límites de la Orden.
 
El 13 de agosto de 1768, Willermoz es recibido en la Orden de los Caballeros Masones Elus Cohen del Universo, dentro de la cual hubo confirmado que su larga búsqueda hallaba un sentido verdadero, ya que fué allí donde encontró la verdadera iluminación.
 
Él mismo ha escrito, después de unos años de su ingreso, el siguiente texto al Barón de Landsperg: "Ciertas felices circunstancias me procuraron la ocasión durante mis viajes de ser admitido en una sociedad bien estructurada y no muy numerosa, cuyo objetivo me sedujo, ya que me fue presentado fuera de las reglas ordinarias. Desde entonces, todos los restantes sistemas que yo conocía me parecieron fútiles y repulsivos. Es el único en el que he encontrado esa paz interior del alma, la mayor ventaja de la humanidad, relativa a su ser y a su principio. Tengo la satisfacción de poder ver gustar el mismo dulzor en los pocos émulos que se me ha permitido admitir a lo largo de cinco o seis años, bajo la dirección de mis jefes particulares. Con ellos, cultivo en silencio las instrucciones que he recibido, y todos juntos juzgamos, desde un punto de vista bien diferente del común de los masones, los emblemas que las logias simbólicas nos presentan"
 
En cuanto al signo que Martínez de Pasqually pedía a sus émulos para demostrar estar en contacto con la esfera espiritual que los ayudaría en el camino de la Reintegración, es que la mayoría de ellos encontraba dificultades en lograrlo.
 
Willermoz procuraba obtener en su correspondencia con Saint-Martin, mayores esclarecimientos acerca de los problemas que le iban surgiendo en el transcurrir de su jornada iniciática. Era necesario mucho trabajo, como en cualquier sistema de iniciación, para que surgiese alguna manifestación de perfeccionamiento espiritual.
 
En 1773, finalmente, Willermoz conoció a Saint-Martin, en Lyon, después de haber intercambiado correspondencia durante cinco años. En abril de 1785, Willermoz obtuvo éxito con sus operaciones: la "Cosa activa e inteligente" finalmente se mostró a los hombres.
 
Con la muerte de Pasqually, ocurrida en 1774 en Santo Domingo, el centro oculto de la iniciación Cohen pasó a Lyón. La dirección de la Orden de los Elus Cohen no acabó en Saint-Martín ni en Willermoz, sino en las manos de personas menos preparadas para llevar adelante un sistema que aún necesitaba de perfeccionamiento. Cupo a Saint-Martín y a Willermoz la resignación de continuar ocultamente la pesquisa de la Verdad por sus propias fuerzas.
 
Willermoz se encontraba en posesión de dos elementos de valor: una forma noble, bella e incluso suntuosa, prestigiosa, atrayente; y una doctrina de la que tiene la certeza que es verdadera. Pues bien, esos dos elementos, los va a ajustar y reunir en uno solo, y es en esto precisamente en lo que consiste su Obra.
 
Va a extraer del sistema de Martínez de Pasqually, la Orden de los Elegidos Coens, el tesoro que ella encierra: su doctrina. Así infurdirla e incorporarla a esa forma inerte, a ese cuerpo sin espíritu que es la Estricta Observancia, después de haber despojado previamente a ésta última de su embarazoso enclaustramiento templario. En definitiva, va a "destemplarizar" la Estricta Observancia para hacerla martinecista, y lo resultante será: el Régimen Escocés Rectificado.

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