sábado, 6 de enero de 2018

El Martinismo, una tradición literaria IV -La Tabla Natural - Parte I: Introducción General


Resulta un tanto extraño traer noticias acerca de un volumen del cual, según sus lectores más avezados, puede aprenderse cuanto está escrito en todos los demás libros, incluso en los que no se han redactado aún. Dicen que en él se señalan los Prototipos Intelectuales de todo lo que existe y que por medio de meditaciones y de otras técnicas introspectivas, el lector logra acceder a una especie de Mundo Intelectual en dónde se Crean y Re-Crean todos los Seres y todas las Cosmogonías posibles. Éste libro tan enigmático fue publicado por Saint-Martin hace ya casi un siglo y medio. Lamentablemente, su contenido es prácticamente desconocido en español ya que su primera traducción es sumamente reciente (2014). Pero, más allá del obstáculo de no disponer del texto en el idioma vernáculo, el principal escollo es que sólo un puñado de iniciados hispanoparlantes conocen en profundidad las claves y su capital importancia para el desarrollo de la vía íntima. Por lo que sus misterios continúan ocultos para la gran mayoría de los martinistas que estudían en la lengua de cervantes.

En 1782, han transcurrido dos años desde que entró en sueños la mítica Orden de los Elu Cohen y se han cumplido ocho desde la desaparición de su fundador, Don Martinez de Pasqually. Uno de sus discípulos, ya alejado de las prácticas teúrgicas externas, prosigue por otros caminos los estudios sobre la incognocible Pansophia Rosacruz. Alentado por sus amigos, publica el texto “Tableau naturel des rapports qui existent entre Dieu, l’homme et l’univers”. En él reúne sus enseñanzas sobre los Signos Primitivos y las Tablas de la Verdad. de esta forma ve la luz una de las obras fundamentales que marcará el rumbo hacia la futura Vía Íntima. Se trata de un verdadero vademécum teosófico, dónde se pone en evidencia la necesaria existencia de Facultades Divinas para explicar el origen de los pensamientos más elevados del ser humano. Son algunos de sus temas centrales el Ciclo de la Humanidad, la pancosmogonía y su aplicación microcósmica, la Omnipotencia Divina, y  enseñar al lector a descubrir las huellas que ha dejado en el universo y en el hombre el Pensamiento del Dios de los Seres.

Este ensayo abarca el estudio de la Lengua Universal. En él confluyen la mística, las religiones, la historia, la mitología, la ciencia, el simbolismo y los misterios, para dar forma a cada uno de los impresionantes frescos literarios con los que el autor retrata a los Arcanos de la Sabiduría Perenne. El tratado aparenta seguir la cronología de una Historia Universal de la Humanidad y de sus diversas creencias. Pero además, presenta al lector en cada capítulo la visión integral de uno de los Signos Primitivos y de sus relaciones pancosmogónicas. Cada Arcano es descrito mediante una composición compleja de atributos y conceptos firmemente amalgamados. Gracias a una cuidada prosa, en la trama no prevalece un aspecto sobre el resto, por lo que resulta casi imposible quitar algún idea o algún desarrollo sin alterar este equilibro y dañar la imagen total del Arquetipo. En la reedición de 1980 de la Tabla Natural, Robert Amadou fue duramente criticado por añadir títulos a los capítulos y un conciso resumen de las ideas principales contenidas en cada parte, todos ellos inexistentes en la edición original. Sus detractores sostienen que estos aditamentos dirigen o condicionan al lector, cercenándole parte de la libertad interpretativa absoluta que debe ofrecer toda obra pancosmogónica.

Según sus estudiosos, la Tabla Natural no soporta el reduccionismo sin perder su esencia. Para los discípulos del Filósfo Desconocido se trata de un corpus que ha sido creado para se expandido y nunca simplificado. Sus enseñanzas deben ser incorporadas y luego desplegadas en el espacio microcósmico. Similar la proceso por el que se entierra una semilla a fin de que surja un árbol esplendoroso. Cada idea, cada imagen, cada vínculo que aparecen en el texto, constituyen un posible punto de partida desde el cual extender innumerables relaciones en nuestra conciencia. Así, meditación tras meditación, se hila una red de pensamientos que primero inunda nuestro microcosmos y luego termina atravesando por completo nuestro Ser y nos conecta con la Vida Universal. Estas criaturas y sus vinculaciones, ponén especial énfasis en la manipulación de los  componentes con que son construídos: los Prototipos Divinos con que todo ha sido creado. Según los discípulos de Saint-Martin, la meditación sobre la Tabla constituye una depuración, ya que el conocimiento sobre los Prototipos Universales ayuda al iniciado a distinguir el error de la Verdad. En la medida en que la trama de pensamientos puros crece y los errores son rectificados, se teje un capullo de inmortalidad, como si fuera una especie de túnica luminosa y envolvente, que regenera el Cuerpo de Gloria.

Escribe Saint-Martin en el capítulo II:“El Universo, es por así decirlo, un Ser separado. Es extraño a la Divinidad, aunque no le es desconocido ni incluso indiferente. Por lo tanto, no pertenece en absoluto a la esencia divina, aunque Dios se ocupe del cuidado de mantenerlo y de gobernarlo. De esta manera, no forma parte de la perfección que sabemos pertenece a la Divinidad; no conforma en absoluto una unidad con ella; por consiguiente no está comprendido en la simplicidad de las leyes esenciales y particulares de la Naturaleza divina.”

En la visión del Filósofo Desconocido el mundo de la materia es un ejemplo deformado y caótico de las leyes divinas. Un simulacro confuso y grotesco. Nuestros sentidos físicos, por donde penetran las cosas de este mundo, son con mayor frecuencia portadores de engaños que de verdades. El orden en el mundo es algo accidental y el desequilibrio es la tendencia general en este reino. El mundo material no sólo es imperfecto, sino que todo intento de perfeccionarlo está condenado al fracaso. El caos es lo que prevalece en este plano.

Las descripciones que aparecen del mundo material, también están destinadas a mostrarnos parte de nuestro microcosmos. Al reflexionar sobre nuestros actos y pensamientos, no resulta demasiado difícil encontrar en nosotros mismos un patrón de comportamiento contradictorio que tiende al desequilibrio, análogo al del mundo material. Según nos ilustra Saint-Martin, al ser nuestro origen divino, este comportamiento no pertenece a nuestro espíritu. Una conducta semejante sólo puede provenir de identificarnos con lo que hemos visto y oído en el mundo. Al recrearnos internamente según un modelo exterior, terminamos por creer que el desorden forma parte de nuestra esencia. Aunque hemos alimentado y mantenido esta conducta, no puede jamás formar una unidad con nuestro Ser. Ella es sólo una ilusión consecuencia de modelar nuestros patrones de pensamientos a imitación de las relaciones del mundo material. Esta estructura constituye, entonces, un ser aparte de nosotros. Es el fruto de nuestra confusión, de nuestros errores, que no puede mezclarse jamás con nuestra esencia.

Si nos guiáramos por las incorporaciones de Amadou al texto original, ha titulado al capítulo II “EL DESRODEN EN LA CREACIÓN”, y sobre la idea que hemos visto recién la ha simplificado como “No confundir Dios y el Universo”. Amadou dirige el texto hacia una visión externa, pone al lector en el rol de un mero observador del Universo que trata de obtener algún provecho especulativo. Se trata de un enfoque más propio de la masonería que del martinismo.

Por el contrario, Saint-Martin nos insta ya en el subtítulo de la portada de la Tabla Natural a “Explicar las cosas por el hombre, y no al hombre por las cosas”. Sobre el final del capítulo II insiste, como a lo largo de toda la obra, en la necesidad de la introspección: “Entonces, como dijimos, comprender es apreciar las relaciones de un objeto con el orden y la armonía cuya regla poseemos en nosotros mismos”. Es por esta visión íntima y humanística, que la utilidad práctica de la Tabla para los verdaderos martinistas consiste en trasladar al mundo interno las ideas que allí se plasmaron. Parte de este desafío se encuentra en reconocer en el microcosmos los Signos Primitivos y construir con ellos la propia Regeneración, combatiendo el caos que nos gobierna desde la Caída.


Atanasio

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