viernes, 30 de septiembre de 2016

Martinismo y Kâbbalah – Saga Esencial VI – Serie Breve 36



Comparar y enumerar las divergencias entre la vía íntima de Saint-Martin y la Kâbbalah demandaría un tratado de varios tomos. Por esta razón, conviene escoger alguna diferencia esencial, que sea capaz de ayudarnos a identificar con claridad, en qué se distinguen filosóficamente ambos sistemas, dejando la exploración detallada de la infinitud de desemejanzas a aquellos interesados en investigarlas a fondo.

Un buen punto de partida, es distinguir el concepto de los números de Saint-Martin, de las sefirot y los números de la Kâbbalah. Para Saint-Martin, si bien los números son el envoltorio invisible de los Seres, ellos son increados y co-eternos con Dios. Así lo expresa en las Instrucciones a los Hombres de Deseo:

“El Número, siendo co-eterno con la Divinidad, ya que, por toda la eternidad, Dios es; el Número debe haber permanecido por toda la eternidad en él, ya que Dios tiene su Número. Porque si Dios había podido crear el Número, parecería que Él se hubiera creado a Sí mismo, lo que es imposible, porque nada subsiste sin el Número.”(1)

Las sefirot de la Kâbbalah, según el mismo Sefer Yetzirah, son las emanaciones divinas que constituyen la base de la Creación. La palabra sephira comparte la raíz con sippur que significa número. Esto indica que son las sefirot las que introducen el elemento numérico en la Creación. Además, la doctrina de la Kâbbalah establece claramente que a Dios, el Ser Absoluto, no es posible atribuirle número alguno. La idea de que el número es una creación de Dios, se evidencia también en el propio texto del Sefer Yetzirah (1:7) “Antes del Uno, ¿Que has de contar?”, por lo tanto la Nada y el Absoluto, donde reside el Pensamiento Divino, que es anterior a Kéter (el 1), no puede ser numerado.

Esta diferencia conceptual entre el Martinismo y la Kâbbalah es trascendental ¿A que se refiere Saint-Martin cuando nos habla de los números? A las Ideas Principio que están en Dios y que son increadas, antes de toda emanación y de toda creación divina. Estas Ideas no son los Seres, pero son las etiquetas con las que son Creados. Por eso marcan su esencia, su principio y su alcance. Estas Ideas Principio constituyen la Década, perfecta e incorruptible, siempre inmutable. Por lo tanto, los números en lo inmanifestado, son un continuo indestructible, una unidad inseparable. Es así, que la raíz del árbol de los números de Saint-Martin, está verdaderamente invisible. En el esquema del árbol de la vida, la unidad de la década se ubica por encima de la primera sephira en la región atribuida al Absoluto.

Partiendo de esta diferencia, observamos que la Kâbbalah propone al estudiante avanzar siguiendo el patrón del Árbol de la Vida, donde se ilustran los 32 caminos que son los estados de conciencia. Aunque hay varias versiones del esquema, todas ellas hablan de una fórmula invariable que consiste en imitar, en orden inverso, los pasos de la Creación, cuya estructura es considerada ejemplar y superior.

Por el contrario, Saint-Martin, siempre se ha cuidado de expresar sus elementos dentro de un esquema rígido. No se ha atado jamás a un modelo cosmogónico único. Ha preferido resaltar las infinitas posibilidades de combinar los elementos, antes que priorizar alguna en particular. Esto no quiere decir, que no haya explicado la cosmogonía del Universo. Sin embargo, no se ha limitado a ella. La noción de los Números como elementos increados y co-eternos con Dios, implica que ellos expresan las bases de éste Universo, y de todos los Universos posibles. El sistema de Saint-Martin, va más allá de esta cosmogonía particular, y plantea  la necesidad de abrir el juego a infinitas cosmogonías. Estamos frente a un sistema ya no sólo cosmogónico, sino pan-cosmogónico. La Filosofía de la Unidad, entonces, versa sobre la Unidad de todos los Universos Posibles, de todas las cosmogonías posibles. Para evidenciar aún más las diferencias entre el Martinismo y la Kâbbalah, conviene remarcar que la cosmogonía que propone la Kâbbalah, es sólo una de las infinitas cosmogonías que el Martinismo, en tanto sistema pan-cosmogónico, ofrece a sus estudiantes.

A la luz de lo expuesto, es obvio, que los 22 Arcanos martinistas no son equivalentes, ni en grado, ni en función, a las 22 letras del alfabeto hebreo. En un proceso pan-cosmogónico, los Arcanos deben ser presentados y clasificados de forma que puedan reconocerse en todas las cosmogonías posibles. Por lo tanto, Saint-Martin los define como la proyección de las Ideas Principio en los planos manifestados. Se los organiza en dos décadas, una espiritual y la otra natural, más un binario que refleja la dinámica entre el operador y la obra. Los Arcanos constituyen las potencias segundas y terceras de la Primera Década plasmadas en las diferentes cosmogonías. Claro que esto no anula ciertas correspondencias entre la Kâbbalah y el Martinismo, sino que las esclarece. Porque siendo que la Kâbbalah es una cosmogonía en particular, los Arcanos martinistas son perfectamente capaces de expresar la cosmogonía cabalística, al igual que cualquier otra posible. Esta cualidad, ha llevado a muchos a creer que los Arcanos y la Década martinistas, eran completamente iguales y equivalentes a las sefirot y a las letras hebreas.  La confusión tiene su origen en la incomprensión de la riqueza de lo que ha propuesto Saint-Martin. Semejante malentendido, termina atando al estudiante, innecesariamente, a un modelo rígido de una sola cosmogonía, en vez de abordar el drama iniciático a través de la pan-cosmogonía.

¿Cuál es el fundamento de utilizar un sistema pan-cosmogónico? Según el martinismo, la Caída ocurrió cuando el Hombre Primordial decidió Crear sin la asistencia del Principio Primero ¿Cómo pudo haber ocurrido esto? Dado que una de las cualidades del Hombre era poder leer directamente en el Pensamiento Divino, debemos entender aquí que Adán, era capaz de interpretar la Década Increada de los Números(2). Por lo tanto, sabía como Dios se valía de ellos para emanar a todos los Seres y Crear al Universo. Adán, utilizó éste conocimiento sobre los Números para Crear por su cuenta. Él era consciente de que sin su Número nada existe. Sin embargo, su conocimiento era insuficiente para igualarse al Creador. Las emanaciones del Hombre imitando a Dios, a pesar de tener su número, resultaron imperfectas y finitas. Finalmente, Adán tuvo que unirse a su obra tenebrosa y quedó atrapado en el Exilio. Allí, según cuenta Saint-Martin, él ya no pudo leer del Libro de las Diez Páginas, más que de a una a la vez. Habiendo llegado a éste punto, no es difícil intuir que el nacimiento de las individualidades es la consecuencia indeseada de las cosmogonías experimentales e imperfectas operadas por Adán. De tal manera que, para entender el drama microcósmico de cada individualidad caída, es necesario identificar la cosmogonía particular que fue proyectada sobre ella. En los términos alegóricos de Saint-Martin, el modelo pan-cosmogónico es el medio para conocerse a sí mismo, a través de la propia microcosmogonía y, al mismo tiempo, recuperar la capacidad de leer de forma completa en el Libro de las Diez Páginas.





Constancio


(1) Louis-Claude de Saint-Martin. Instrucciones a los Hombres de Deseo, Instrucción 1: De la Emanación, de la Creación y de los Números”. 

(2) Véase  el artículo: "La Unidad de la Década"



*
*     *



Licencia Creative Commons
Martinismo y Kâbbalah – Saga Esencial VI – Serie Breve 36 por Sociedad de Estudios Martinistas se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución – No Comercial – Sin Obra Derivada 4.0 Internacional.

9 comentarios:

  1. Un punto es un círculo en otra escala...

    ResponderEliminar
  2. Gracias por tu aporte. Como bien has sintetizado, la solución que propone la kabalah se limita unicamente a la escala. Es decir, es posible cambiar la escala, pero se reitera siempre la misma estructura ejemplar. Estamos, en términos matematicos, frente a un modelo del tipo fractálico. Se repite ad infinitum el arblo de la vida. Aunque sus posibilidades de estudio son infinitas, se limitan a una sola cosmogonia, que es la que posee esa estructura. en particular. El martinismo, no solo cambia la escala, sino que aborda la omnipotencia cosmogónica por medio de las infinitas estructuras posibles. Es un modelo complejo, donde el patrón que define cada cosmogonía es único e independiente de la escala. Esto explica que cada individuo sea irrepetible en si mismo, y sin embargo que exista una Unidad. Para la vision pan cosmogonica martinista el arbol de la vida kabalistico es solo uno de los infinitos patrones posibles.

    ResponderEliminar
  3. todo depende de quién habla de qabala. es incomprensible para el profano. el sistema de SM no puede ser diferente de la Tradción, pq sería falso. Pero esta verdad no se puede demostrar. hay que comprenderla. SM tenía extraordinarias liuces, pero limitadas por su contexto socio cultural. sds

    ResponderEliminar
  4. Argumentar sobre estos aspectos “incomprensibles” lleva rápidamente a caer en el pensamiento dogmático, justamente, porque todo se vuelve “indemostrable”. Cuando una de las partes adopta esta postura se convierte en estéril cualquier intercambio. Las cuestiones inefables, a las que Ud. hace alusión, quedan invariablemente relegadas a la esfera de la experiencia personal, ya que tienen que ver con las afinidades internas de cada uno. Y siempre hemos sido sumamente respetuosos de las inclinaciones personales.

    Por otro lado, toda vía posee una esencia metafísica y una manifestación temporal. Esta última, jamás resulta ajena al contexto histórico. No vemos que se puedan obtener buenos frutos al realizar comparaciones cruzadas entre el componente metafísico de una tradición con la manifestación temporal de otra. Ya que se estarían equiparando órdenes diferentes que no son compatibles entre sí. Por eso, el abordaje de nuestro artículo apunta a las diferencias doctrinarias que impactan en los métodos de trabajo. Que quede en claro que estamos lejos de tratar de polemizar si una vía es preferible o superior a otra. Cada uno sabrá que le resulta conveniente de acuerdo a sus necesidades internas.

    ResponderEliminar
  5. Estimado sds, cuando generalizamos tanto corremos el riesgo de quedar en una postura muy cerrada. Que todas las tradiciones tenga una vinculación con la tradición primordial, de ninguna manera implica que todas las vías deben ser iguales. La vía del guerrero presenta obvias diferencias con la vía sacerdotal. En la alquimia, por ejemplo, existen grandes diferencias entre la vía breve y la vía larga, entre la vía del cinabrio y la del antimonio, etc. Todas ellas son verdaderas, sin que las diferencias entre ellas impliquen la falsedad de las otras. Es natural, y deseable, que haya profundas diferencias entre la cábala y el martinismo en cuanto a sus métodos y doctrinas.

    ResponderEliminar
  6. Si bien todos los caminos conducen a Roma, eso no quiere decir que todos los caminos deban ser iguales.

    ResponderEliminar
  7. Felicitaciones por la nota. Me parece muy bien que se difundan cosas que en lengua española no han tenido una gran difusión. Es verdad que Saint Martin mezcló la rigidez de los cohen de Pasqualli y le dió la flexibilidad de la mística de Boehme. Lamentablemente muchos han etiquetado de martinismo a cualquier cosa, pero aportes como estos ayudan a esclarecer las aguas.

    ResponderEliminar
  8. Gracias por el comentario. Para el Filósofo Desconocido el régimen de los Elu Cohen era demasiado complejo y estricto, además de peligroso. Encontró que Boehme se complementaba con Pasqually y que podía reunir ambas líneas en una vía de Unión Íntima y profunda con Dios.

    ResponderEliminar
  9. Ojalá todos los caminos condujeran a roma. Qué lindo sería que fuese cierto. Pero no es así. Es solo una frase para tranquilizar a algunos. Conducen a Roma si se dan ciertas condiciones, lamentablemente... Y esas condiciones están expuestas para el que quiera ver la verdads y hacer el sacrificio ineludible. en la Tradición; de la cual bebieron estos FD.

    ResponderEliminar

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.