domingo, 14 de septiembre de 2014

Los sistemas simbólicos - Serie Rosacruz II



“¡Ay! ¡Los hombres solo se conmueven ante la muerte, en vez de hacerlo ante la vida! ¿Cuales eran los designios de la justicia, cuando, después de su crimen, los ha precipitado al abismo terrestre en que vivimos y los ha puesto a unos junto a otros? Era para que aprovechasen mutuamente testimonios de su perdición y signos de su miseria. Era para que tuviesen continuamente ante sus ojos el triste cuadro del horror al que los había reducido el pecado. Era para que cada uno de ellos, al ver a su hermano en las tinieblas, en la inquietud, en la tribulación, en los sufrimientos y bajo el dominio de la muerte física y moral, se enterneciese y diese un giro sobre si mismo y, reconociendo humildemente los derechos de la justicia al verlos aplicar con tanta constancia y severidad, tratase de calmar su enojo y suavizar su rigor, con sus lágrimas y su penitencia.”

L.C.S.M – El Hombre Nuevo


Para entender la necesidad de la existencia de la fraternidad rosacruz y la de todos los grupos que se han dedicado a conservar la tradición occidental, debemos explorar ciertos aspectos del denominado problema o misterio pansófico. Sin embargo, no es sencillo explicar en pocas palabras algo que resulta bastante complejo y que depende de adquirir una visión especial sobre como se acoplan los Arcanos. La completa visión del misterio pansófico, sólo se puede alcanzar cuando se ha logrado sintetizar todos los Arcanos. Por eso, es que para ser un verdadero rosacruz, es necesario tener un alto grado de realización en los misterios. El lector debe interpretar esta última afirmación como algo literal y no metafórico. Pues, se refiere al éxito sobre ciertas operaciones específicas, que otorgan una Sabiduría Trascendente, la que provoca que la Creación Completa se unifique ante los ojos del adepto. En este estado de conciencia, es sólo cuando podemos acceder a la verdadera Pansofía. Por lo tanto, hay que contentarnos con avanzar lentamente sobre ciertos asuntos, a fin de poder ir delineando algo que es incalculablemente complejo. Estamos frente a un monstruoso rompecabezas de infinitas dimensiones. Notemos, de paso, que el símbolo de la rosa en la cruz, nos indica que este laberinto cosmogónico posee un centro, a partir del cual es posible resolver semejante enigma. Por lo que la rosa, es el símbolo de esta supra-conciencia, que se identifica plenamente con el adeptado.

Una cuestión tan universal, puede ser abordada desde una infinitud de puntos de vista. Pero, debido a nuestros propósitos, comenzaremos por tratar de imaginarnos como encaja en esta concepción el hombre que desea acceder a dicha Sabiduría. El hombre es visto como un símbolo, que debe develarse a sí mismo. Esta noción nos plantea que el hombre es un ser simbólico. Y por lo tanto, como todo símbolo, no hace más que reflejar constantemente su significado trascendente, aunque él mismo no pueda tomar conciencia de que sólo es un reflejo de su inmutable esencia. Incluso, a través de sus actos, no hace más que manifestar esta Verdad. Como el hombre caído se haya inmerso en la dualidad, estos reflejos son proyectados sobre diferentes superficies, las que devuelven luces o sombras. Por eso, estos reflejos pueden ser luminosos y nítidos, cuando aclaran su conciencia, u oscuros y deformes, cuando la turban. La oscuridad no está en la naturaleza de la imagen proyectada, sino en la naturaleza de la cosa sobre la que ésta imagen espiritual se proyecta. La confusión sobrevive, cuando el hombre no es capaz de comprender que las imperfecciones de los reflejos no están en el original luminoso, sino en la pantalla donde se proyecta.

Todos estos reflejos o símbolos de la Verdad, sólo tienen por finalidad elevar la conciencia humana a su estado de perfección. Si somos capaces de entender esto, veremos que tan errados son los argumentos de algunos que critican el progreso o la evolución, como de aquellos que reprueban el estancamiento o la conservación de la antiguas tradiciones. Tanto las formas pretéritas como las actuales, todas poseen la cualidad de elevar nuestra conciencia. El verdadero obstáculo, es que seamos capaces de distinguir las luces de las sombras, ya sea en unas o en las otras. El origen del problema pansófico, si es que podemos hablar de un origen, radica en la continua adaptación de los sistemas simbólicos sobre los que se proyecta la Verdad, según se lo percibe desde la temporalidad. El hombre caído, como reflejo del Hombre Primordial, asume su función de ordenador del Caos, incluso en este plano material. Y según intenta ordenar la materia, las dificultades que encuentra hace que sus sistemas simbólicos vayan modificándose, adaptándose a las nuevas problemáticas y a los nuevos desafíos. Las formas cambian, pero la esencia debe proseguir inalterable, porque la confusión del hombre sólo proviene de su interior.


Atanasio


*
*    *
Licencia Creative Commons
Los sistemas simbólicos - Serie Rosacruz II por Sociedad de Estudios Martinistas se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial 4.0 Internacional.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.