jueves, 18 de septiembre de 2014

El Problema Pansófico - Serie Rosacruz III



Los rosacruces no fueron los primeros en ver que los sistemas simbólicos iban modificándose según la humanidad se adentraba en el devenir. Varios filósofos tomaron conciencia de estos procesos que responden a la circularidad del tiempo. Los primeros sistemas simbólicos estaban basados en la naturaleza. En ellos se ve el mundo circundante como un complejo entramado de símbolos. Así, un león representa el coraje y la fuerza, mientras que la liebre simboliza la eterna vigilancia, porque nunca cierra sus ojos. Una semilla es la promesa de un nuevo árbol y, por lo tanto, figura la potencia y la fertilidad que impulsan la vida. Este sistema simbólico, funcionaba de manera satisfactoria en una sociedad nómada que se encontraba inmersa en la naturaleza.

Cuando aparecieron los pueblos que practicaban la agricultura, el simbolismo natural comenzó a ser distante. La gente ya no recorría un gran territorio cazando. Ahora se encontraban afincados en un sólo lugar. Las personas se adentraban cada vez menos en la naturaleza salvaje, que antiguamente imponía sus reglas a los hombres. Los agricultores, por el contrario, eran capaces de modificar el territorio y convertirlo de inhóspito a civilizado. Surge una naturaleza manipulada por la acción del hombre. El descubrimiento de la ganadería y la combinación con la agricultura, terminó de configurar un entorno completamente nuevo. Entonces, el simbolismo natural fue desplazado. El nuevo orden requería de un nuevo sistema simbólico para expresar la Tradición: el simbolismo mitológico. Las primeras ciudades siempre fueron lugares consagrados a algún dios. La idea de dios en este entorno, daba a la divinidad cualidades humanas, como el discernimiento, la inteligencia, etc. Los dioses dejaron de ser animales, y tomaron la forma humana. Aquellos que mantuvieron la forma animal, en muchos casos, sólo lo hicieron por medio de ciertos rasgos. Como los dioses egipcios que eran hombres con cabezas de bestias. La mitología reemplaza al sistema simbólico natural. Sin embargo, éste último no desaparece del todo, sino que subsiste dentro del simbolismo mitológico. La consagración de la ciudad a un dios, conlleva la idea de culto, que instaura con el tiempo lo que llamamos religión.

Las ciudades siguieron creciendo. En la antigua Grecia el poderío de las polis, hicieron que tomara importancia las relaciones entre los hombres. La concepción de una estado con participación en el poder de los ciudadanos, provocó un cambio sustancial en la sociedad. Era necesario difundir la instrucción para que sea practicable la participación democrática. De la mano de los sofistas nace la educación. Alrededor del año 600 a.C. surge un nuevo sistema simbólico: el simbolismo filosófico. La mitología comenzó a ser desplazada como reflejo de la Verdad. Los primeros filósofos, llamados filósofos de la naturaleza, empezaron a preguntarse cuestiones acerca de la creación, de los elementos, de como una cosa se convertía en otra, etc. Sus argumentos se basaban en la lógica y la retórica. La principal característica de la filosofía era que descartaba en sus explicaciones la mitología y su simbolismo. Cerca del año 400 a.C. Sócrates centró el simbolismo filosófico sobre el propio hombre. Platón habla de las ideas como moldes, por medio de los cuales se forman las cosas de este mundo. Nuevamente, el sistema simbólico anterior no desaparece totalmente, sino que es integrado al nuevo discurso. Platón menciona distintos mitos, mediante los cuales enseña, ya no los misterios de la naturaleza, sino la situación actual del hombre en la Creación y su destino final. Aristóteles plantea, finalmente, la división de la sabiduría en diferentes ramas, con el fin de ordenar los conceptos. Algunos han creído que Aristóteles es el inició la decadencia de la Tradición Occidental. Pero, desde el comienzo, la visión filosófica apuntó a superar la visión mitológica y la religiosa, por lo que este camino era inevitable. Más tarde o más temprano la humanidad tomaría la senda de analizar desde el razonamiento.

La idea de los sistemas simbólicos requiere de ciertas precisiones para establecer con exactitud a que nos estamos refiriendo con dicho concepto. Lo que hemos citado más arriba es un simple ejemplo. Se ha seguido una secuencia histórica porque resulta más sencillo evidenciar estos procesos desde una linealidad temporal. Sin embargo, múltiples sistemas simbólicos conviven en el mismo tiempo y espacio. Aunque en cada etapa del ciclo hay uno hegemónico, los periféricos no son eliminados totalmente. Hoy en día, encontramos simbolismo natural, casi puro, en varias comunidades aborígenes donde subsiste aún el chamanismo. Los sistemas simbólicos, más allá de la intención interpretativa inicial que puede imprimirle el autor, no dejan de ser una combinación de los Arquetipos. Por lo tanto, ninguna de estas producciones pueden jamás dejar se ser un símbolo de la Verdad. Porque no podrían excluirla. Dentro de los múltiples significados que admiten estos sistemas, necesariamente, existen varios que conducen hacia la Verdad. Aunque más no sea, que por la mera oposición a lo que pretende señalar un determinado simbolismo.

La función de los conservadores de la Tradición, siempre ha sido tratar de que los sistemas simbólicos no se desvíen del centro, que es donde mejor pueden reflejar la Verdad. Es decir, que no importa en absoluto la naturaleza del sistema simbólico, sino sólo su posición central. ¿Qué es esta centralidad de la que estamos hablando? Ella nos es revelada por el símbolo mismo de la rosacruz. En la siguiente imagen vemos como la cruz representa las posibilidades de las formas que puede asumir el simbolismo. Ellas son una combinación entre el Intelecto y la Fe que constituyen los dos ejes de la cruz. Cuando el sistema simbólico es desviado hacia la superstición y la intuición, asume una forma religiosa. En cambio, si se lo desvía hacia la razón y la superstición, estamos frente a una forma mágica de expresar la Tradición. Cuando la Fe decae, y la intuición se fortalece, surge la forma filosófica. Mientras, que el movimiento hacia la razón y el ateísmo genera una forma científica. Cuanto más alejado del centro se encuentre un sistema simbólico, tanto más difícil se le hace trasmitir la esencia de la Tradición.

¿Qué sucede en el centro? Cuando los ejes se cruzan, florece la rosa. Ella es la unión, en perfecta armonía, del Intelecto y de la Fe de la humanidad. Cuando los sistemas simbólicos se encuentran cerca del Centro o de la Rosa Pansófica, entonces es posible alcanzar la Unidad de todos los conocimientos. Condición necesaria para la Reintegración Universal.

Mantener el sistema simbólico cerca del centro, es el objetivo de los grupos de adeptos abocados a conservar la Tradición. Tal fue el caso de la fraternidad rosacruz. El problema pansófico requiere que los conservadores tomen un papel activo en ciertos procesos históricos. En los próximos artículos nos dedicaremos a analizar algunos hechos puntuales que nos permitirán trazar la forma en que se ha preservado, a lo largo de los siglos, la Sabiduría Perenne de occidente en el seno de distintas organizaciones. Finalmente, pondremos el énfasis en la conformación del martinismo como custodio de la vía íntima cristiana.

El Misterio Pansófico según la simbología rosacruz


Atanasio


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