viernes, 4 de julio de 2014

El Microcosmos - Serie Simbólica 16




Pero vosotros sois el cuerpo de Cristo y cada uno de vosotros uno de sus miembros.” (Cor. 12, 27)

En el esoterismo la forma humana es la representación del miscrocosmos. El hombre primordial, creado a imagen y semejanza, establece la relación arquetípica entre el universo y el cuerpo humano. Son variados los sistemas de correspondencias que derivan de esta analogía, tal como los que establecen vinculaciones entre los órganos, los metales y las luminarias celestes. La Tabla Esmeralda, texto de la tradición hermética, anuncia también la afinidad entre macro y microcosmos.

El martinismo, como vía íntima, opera microcosmicamente. Es decir, que el trabajo del martinista es interno. Conviene entender que el cuerpo físico no es el microcosmos en sí mismo, sino su signo sensible. La misma idea de cuerpo, que proviene del latín corpus, pone en evidencia algunos aspectos que los esoteristas han pretendido señalar por este símbolo. El cuerpo es, ante todo, una unidad conformada por un conjunto de cosas. Puede ser, tanto una serie de órganos, de células, como un colectivo constituido por un grupo de personas. Un cuerpo, además, posee límites que lo diferencia como una unidad en sí mismo. La naturaleza colectiva del cuerpo y el establecimiento de sus límites son características vinculadas a la realización esotérica.

El teurgismo se ocupa de las relaciones entre lo individual y lo colectivo en el proceso cosmogónico. Lo que está estrechamente vinculado a la noción del microcosmos figurado como un corpus. Porque nos conduce a explorar los límites entre lo interno y lo externo. Los cuerpos se conforman cuando las personas se agrupan. Pero, también, se observa la misma estructura en un individuo. Que no es mas que una unidad compuesta por individualidades interiores. Cuestión que se señala en el martinismo mediante el simbolismo de la máscara.

Estudiar el límite entre lo individual y lo colectivo implica, necesariamente, conocerse a sí mismo. El hombre primordial es visto como un corpus, pero a escala macrocósmica. Por lo que Reintegrarse, significa reincorporarse a este corpus. También se ha dicho que regenerarse es reintegrarse en sí mismo. O sea, unificar nuestras individualidades interiores. Entonces, el límite entre la regeneración y la reintegración, debe entenderse como un continuo. Porque al establecer una conexión entre lo macro y lo micro, unificamos ambos conceptos por medio de la realización espiritual.

Desde el punto de vista del continuo micro-macrocosmos, el hombre posee entonces dos naturalezas. Una individual anclada en lo micro y cuya expresión más baja es el ego. Y otra colectiva, que se funde con lo macrocósmico, cuyo aspecto más elevado es la propia Unidad Universal. En el hombre caído el ego se resiste a acceder a lo colectivo. Rechaza el paso de la multiplicidad a la Unidad. Siente terror de sumergirse en la vida del Coro de Almas. Porque lo conduce hacia una existencia de Ser y de Conciencia en el Alma Humana Primordial. Esta existencia colectiva, es la esencia de la realización espiritual de todas las tradiciones. El Corpus Christi encuentra su correspondencia en el Purusha hindú, en el Adam-Kadmón de la cábala, o en el Antropos Celeste que, según el sufismo, poseía la condición de ahsan taqwim.


Frederik

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